RELATO CORTO
Hoy posteo un relato que da nombre precisamente al blog, escrito aproximadamente en el año 2002. Espero que les sea de su agrado.
---------
El calor en la habitación era angustioso. Las ventanas cerradas no dejaban que el aire se colara dentro y el olor a sudor y cigarros reunía una atmósfera densa y pegajosa que se había acumulado durante horas.
Latas aplastadas de cerveza se desparramaban por el suelo sucio invadido de restos de cigarros y ceniza. Unas viejas botas negras militares junto a la deshecha cama, caían desordenados encima de los cuadernos del instituto mientras dejaban asomar en su interior, unos sucios calcetines blancos.
Las paredes del cuarto, cubiertas por viejos posters de Iron Maiden y AC-DC, manchaban el original color grisáceo de su pintura por uno más oscuro e irregular. Una destartalada bombilla caía del techo como una araña y daba pequeñas vueltas sobre sí misma realizando varias circunferencias. En la mesa del escritorio se acumulaban cientos de discos tirados al azar entres restos de hamburguesas y papeles arrugados escritos a bolígrafo. Comida mezclada con fracasos de inspiración.
El humo de un cigarro encendido sobre una botella pequeña de plástico recortada que hacía de cenicero improvisado, subía lentamente como un hilo fino tejiendo lazos en el aire condensado, diseñando una triste niebla de vapor.
Carlos, con unos pantalones vaqueros azules lleno de agujeros y una camiseta negra de Pantera, masturbaba el mástil de su guitarra haciéndola gritar de placer. Su pelo, largo y lleno de grasa, se movía suavemente mientras giraba su cabeza observando extasiado las cuerdas de su instrumento. Sus dedos, acariciaban como a una mujer cada nota, cada melodía. Con los ojos cerrados, se mordía el labio inferior como si estuviera realmente gozando sexualmente con aquel acto impuro. Su respiración era pausada y nerviosa, limitada por sus maltratados pulmones llenos de alquitrán y nicotina. Descalzo y con los plantas de los pies llenas de suciedad, daba pequeños saltos como si la música le diera continuos calambres en su cerebro desposeído en aquel instante de toda noción de la realidad.
Ponerse a tocar aquellas notas discordantes era como convertirse en Dios. A pesar de que no siempre sonara a lo que tenía en mente, en su extraña forma de pensar, era como crear vida. En aquel momento, aquellas notas eran la primera vez que sonaban y sus oídos los primeros en escucharlas. Y eso, en su medida, le hacía feliz.
Insultando a Dave Murray con sus dedos sucios llenos de padrastros, hacía vibrar los tensos filamentos de la guitarra con suaves caricias que improvisa a cada segundo. Una nota arriba, otra más abajo y con los párpados pegados al inquieto ojo ocular, parecía adentrarse en un mundo de éxtasis total en donde llegaba a fusionarse con su instrumento.
Sus brazos, perseguidos en su piel por un millón de pequeños tatuajes de vida, sujetaba como a un recién nacido, aquella guitarra que gritaba luz. Su boca, ahora entreabierta, dejaba escapar un halo de humo cargado de dolor. Un abismo se asomaba por su garganta. Un pozo oscuro donde se ahogaban todas sus esperanzas e ilusiones. Cada leve latido era un gemido de su atormentada alma y el deseo de liberación acompañaba a cada una de aquellas notas.
Las dos manos tenían un extraño juego de amor. Se acercaban, se alejaban y se unían. La izquierda, como una tarántula venenosa que se resbalaba por el mástil y la derecha, agarrada a la palanca fuertemente, acariciaba los pulsos que determinaban el ritmo de cada nota, alargando un frío lamento hasta el final.
En aquel instante. Sólo en aquel instante, disfrutaba de aquella sensación galvánica que distorsionaba todo su mundo y que le hacía por unos segundos, poseedor de las cuerdas de la creación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario