El otro día revisando viejos papeles me topé con un relato corto que había escrito allá por 1993 durante mi etapa en el Instituto, donde realmente me di cuenta que me gustaba esto de escribir.
Leyéndolo, volvieron a mi memoria viejos recuerdos y sobre todo la forma en la que se fraguó dicho relato. Así como las causas que lo motivaron y el fin con el que me presenté al Concurso Literario del Instituto que se celebraba como todos los años.
Lo escribí o lo diseñé durante las aburridas y tediosas clases que sufría con resignación cada día y con el afán de enfrentarme directamente y darle un bofetón en la cara de la manera más digna a profesores que por aquel entonces, me infravaloraban y me catalogaban con su equivocada visión de la realidad, como tantas veces a pasado en muchos casos.
Fue un relato oscuro. Pesimista y lleno de odio y rencor. Pero en mi opinión es algo de lo que más orgulloso estoy de haber escrito y que está lleno de metáforas y descripciones muy interesantes, que con el paso de los años me han llegado a sorprender. Su estructura y desarrollo denota todavía una inmadurez gramática pero el efecto narrativo supera todos esos obstáculos y hace que por aquel entonces uno se sintiera muy identificado con aquella historia.
Falta decir que en el jurado estaban los profesores implicados y que se describen en el relato y que le dieron vencedor del Primer Premio, cumpliendo con mi objetivo.
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