Llega dando saltos de alegría, con su juguete en la mano, deshecho y desdoblado en sus ropas y pintas. La barba de tres días o de cuatro, oculta heridas, cicatrices, llagas o sabe Dios qué...
La rutina de sus palabras le lleva a la rutina de su conducta.
- ¿Qué David? ¿Estás listo para la navidad?
- ¿Navidad? ¿Qué Navidad?
Y se marcha con sus fantasías y sus obsesiones oníricas. Una retahíla de gestos y frases mal dichas y la locura que lo mantiene vivo y ajeno a todo lo que le rodea. Para él, es una semana cualquiera.
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